16 junio, 2017 Remica Servicios Energéticos

Me he jubilado, ¿y ahora qué?

Hasta hace pocos años jubilarse significaba dejar de trabajar y pasar a la situación de pensionista. La jubilación se ha ido complicando en los últimos tiempos debido a varios factores como la falta de sostenibilidad del sistema de pensiones, el retraso de la edad legal de jubilación o la mejora de la salud debido a la medicina preventiva y al desarrollo de sistemas de diagnóstico muy precisos. Esto ha hecho que, para muchos,  plantearse la jubilación sea algo traumático.

En unos casos, el profesional deseoso de jubilarse ve alejarse esa fecha soñada, en otros, muy al contrario se ve el momento de la jubilación como el fin de la vida activa, de dejar de aportar a la sociedad, percibir menos ingresos, disminuir el nivel de relaciones humanas que se generan en el trabajo, y un largo etcétera.

Este post va orientado a este segundo grupo, los que se resisten a dejar de considerarse activos, los que quieren seguir contribuyendo con su talento al desarrollo de su comunidad más próxima o de otras más remotas, en definitiva, los que siguen disfrutando de su trabajo, independientemente de su edad.

En 2015 se estrenó la película “El Becario”, protagonizada por Robert de Niro. En el film, un jubilado de 70 años se incorpora al programa de becarios senior de una empresa de moda en pleno éxito. De Niro aporta a este proyecto pasión por las cosas bien hechas y una mirada distinta en una empresa dominada por jóvenes tecnócratas. Pero lo que se desprende claramente de la película es la importancia de contar con la experiencia de los profesionales senior, ya sea mediante programas de mentoring, consultoría o cualquier otra forma en la que personas que ya no quieren o no pueden dedicar el 100% de su tiempo al trabajo puedan seguir contribuyendo al desarrollo de personas y empresas.

Las casuísticas que se pueden dar en el colectivo senior pueden ser muy variadas, pero también lo son las distintas posibilidades que se abren llegados a los 65.

Podemos mencionar actividades como involucrarse en una ONG afín con nuestras creencias y valores, impartir clases en másteres y organizaciones, o compatibilizar la pensión de jubilación con una actividad laboral, algo que en la actualidad permite la legislación vigente. Cada vez existen más medidas que favorecen esta situación y que tienen como objetivo contribuir a la sostenibilidad del sistema de pensiones,  favorecer la continuidad de la vida laboral de los trabajadores de mayor edad y promover el envejecimiento activo.

Esta “segunda etapa profesional” requiere una planificación previa por parte de empresas y profesionales: las organizaciones deben abrir las puertas a otros modos de colaboración de los profesionales senior, en actividades como consultoría, formación o mentoring, y el profesional debe mantenerse formado e informado, estar al día en las innovaciones que se van produciendo en su área de especialidad, potenciar su conocimiento de las nuevas tecnologías y el funcionamiento de las redes sociales, tiene que pensar, en definitiva, que continuar activo llegados los 65 o los 67 años dependerá en gran parte de su empleabilidad, y del desarrollo de habilidades que pueden o no haber formado parte de su trabajo en su “primera etapa profesional”, tales como la comunicación, la empatía o la gestión de su marca personal.

Hay “vida profesional” a partir de los 65, preparémonos para ella.