13 noviembre, 2017 Remica Servicios Energéticos

Hacia el liderazgo vital

liderazgo vital

Hace unos días escuchábamos una interesante ponencia de Alex Rovira, escritor y conferenciante experto en psicología del liderazgo. Esta ponencia se desarrolló en el marco del evento organizado por Aedipe (Asociación Española de Dirección y Desarollo de Personas) en torno a una Master Class impartida por el profesor y también conferenciante David Ulrich.

En esta conferencia, Alex Rovira expuso el concepto de liderazgo vital, y su descripción del líder vital nos atrapó desde el primer momento porque coincide plenamente con el concepto de liderazgo que nos gustaría que fuera el predominante en las organizaciones, ya que está basado en la transparencia y en el ejercicio de la ética en el trabajo.

Alex Rovira definía como atributos esenciales del líder vital el optimismo, el entusiasmo, la capacidad de crear visión de futuro y de mostrarse alegre y confiado. Aludió a la frase de Kant: “si amáramos no haría falta la moral”, que requiere poca explicación. El líder que se entrega al equipo, que lo valora con sus fortalezas y carencias y lo estimula hacia la consecución de resultados extraordinarios, no necesita grandes herramientas de liderazgo, ya que su actitud inspira a sus colaboradores.

liderazgo

Esta concepción del liderazgo enraíza con post que hemos publicado en otras ocasiones en este blog: para ser buen líder hay que ser buena persona, aunque no sea condición suficiente, desde luego es indispensable. Y conecta además con otra de las cuestiones que hemos tratado con anterioridad, como es la gestión de las emociones. Las personas distan de ser robots, que pueden desempeñar sus funciones en cualesquiera condiciones siempre que estén bien programados y conectados al sistema energético que les permite funcionar. Las personas, por el contrario, van a sus trabajos completos, con sus capacidades pero también con sus emociones y preocupaciones. Y gestionar adecuadamente estas emociones, las positivas y las negativas, puede suponer la diferencia entre el buen y el mal desempeño, entre la alta o baja productividad, y por supuesto en el compromiso y satisfacción laboral.

El liderazgo vital va en la línea de demostrar que los conocimientos y capacidades son importantes, pero que para un líder es todavía más importante trabajar la generación de confianza, la visión compartida, el compromiso; y lo hace con la mirada puesta en los demás. El verdadero líder es aquel que está al servicio del equipo que lidera.

En el extremo opuesto del líder vital está el líder tóxico, el que pone sus intereses por encima de los del equipo y de la organización, el que oculta sus debilidades, es negativo y crítico con su entorno y solamente piensa en la consecución de sus objetivos personales.

Ante esto cabe preguntarse, ¿Y yo? ¿Me puedo transformar en un líder vital? Pensamos que sí, ya que los beneficios que aporta a uno mismo, al equipo y a la organización son reales y ayudan a sostener ese proceso de transformación. Lo primero es reconocer qué tipo de líder se es, y cual se quiere ser, y a partir de ese conocimiento hay muchas herramientas que contribuyen al cambio, tales como el coaching, el mentoring o el aprendizaje de otros, el modelizar un comportamiento de liderazgo con el que nos identifiquemos. Una vez iniciado el proceso, como decíamos, los beneficios percibidos serán el mejor soporte para continuar por la senda del cambio