28 noviembre, 2016 Agencia SEO

El sentido del humor: ¿Se busca esta competencia en procesos de selección?

sentido del humor

Con frecuencia encontramos que para definir a un buen profesional empleamos el término “serio”. Cuando actuamos así, ¿qué significado estamos otorgando a este adjetivo? Al menos, en nuestro caso, no lo utilizamos para referirnos a una persona que no muestra alegría o que se comporta de forma en exceso rígida o formal, sino que nos referimos a un comportamiento coherente y responsable. Y esto es así porque la seriedad entendida como severidad o falta de sentido del humor no es una característica que contribuya, desde nuestro punto de vista, a generar compromiso o como palanca de productividad.

Al contrario, el humor, entendido como capacidad para desdramatizar situaciones complicadas, sin perder en absoluto el sentido de la responsabilidad, pero manteniendo una actitud animosa y positiva, contribuye de manera importante a gestionar mejor el estrés y por tanto a mejorar el rendimiento.

El estado de ánimo influye de forma importante en la motivación y la creatividad, y las personas con sentido del humor tienen, lógicamente, una mayor tendencia a mantener un estado de ánimo positivo, que además, se contagia. Un empleado que sonríe, aun en situaciones complejas, transmite positividad y entusiasmo, sin que tenga por ello que ocuparse en menor medida de un asunto conflictivo.

Emplear el sentido del humor a tiempo y con sensibilidad, contribuye a aliviar la tensión de una situación, en tanto que lamentarse insistentemente agrava el problema, nos impide tomar distancia para analizarlo adecuadamente.

Y decimos que hay que emplearlo con sensibilidad pensando que se pueden dar situaciones que afecten al trabajo realizado por otros, o a circunstancias muy negativas para un compañero, y una “bromita” fuera de lugar haría más daño que beneficio. Ser sarcástico o irónico no es una forma adecuada de potenciar el buen humor en una organización, y mucho menos utilizar a alguien como cabeza de turco para generar una situación que cause risa a otros. El humor inteligente nunca debe ser ofensivo para nadie, uno debería reírse únicamente de sí mismo si se quieren realizar alusiones personales. Como decía Winston Churchill, “una broma es una cosa muy seria”.

El sentido del humor hay que utilizarlo además en el contexto adecuado, y no debe emplearse, por ejemplo, cuando se comunican malas noticias o problemas que han repercutido muy negativamente a una persona. Asimismo, la burla debería desterrarse completamente de las organizaciones, y cualquier mando debe cortarla de raíz cuando surge: el respeto a la dignidad de todos los miembros de una empresa debe estar por encima de cualquier otra consideración.

Dosificar el humor también es una actitud muy recomendable, ya que el uso continuado del humor y el chiste termina dañando la propia imagen profesional. Poner un toque de humor en una situación tensa es una habilidad que no todo el mundo tiene, y, ante la duda, es mejor abstenerse.

La eficiencia y las emociones positivas en el trabajo no solo no están reñidas, sino que se retroalimentan; el humor es un gran aliado de la salud física e indicador de la salud mental, y por tanto una cualidad muy positiva para valorar en un proceso de selección. El sentido del humor va muy ligado a la inteligencia emocional, y constituye una actitud sabia en el manejo de situaciones cotidianas, que no traspasa la fina línea que lo separa de la burla destructiva o la falta de respeto a otra persona.

El humor también puede tener un efecto positivo sobre el aprendizaje: cuando somos capaces de reconocer con sentido del humor la dificultad ante una tarea nueva que conlleva adquisición de nuevos conocimientos, nuestra predisposición es más positiva, y ayuda a otros compañeros a desdramatizar posibles tensiones provocadas por la complejidad que pueda entrañar.

Busquemos por tanto personas con sentido del humor en nuestros procesos de selección, personas con emociones positivas y constructivas, que contagien a otros la capacidad de analizar las situaciones sin añadir más drama que el que de forma natural conlleve, de desdramatizarla para enfrentarnos con éxito al problema.