14 octubre, 2019 Remica Servicios Energéticos

Compromiso y compañerismo

compromiso y compañerismo

Compromiso y compañerismo ¿cómo alcanzarlos?

Hace unos días se publicó en lamenteesmaravillosa.com un interesante artículo de Edith Sánchez acerca de las actitudes que debe tener un buen compañero de trabajo. Este artículo parte de la base de que pasamos gran parte de nuestra vida trabajando, y que por tanto es fundamental contar con personas constructivas a nuestro alrededor; para conseguir esto, es necesario que también nosotros seamos una buena compañía para los demás.

Un buen compañero de trabajo no nos cae al lado por suerte, sino que tenemos que ser todo aquello que nos gustaría que fuera el compañero, ya que solo funcionará si hay reciprocidad.

Este artículo queremos dedicarlo al compromiso, y cómo éste, cuando se da en altas dosis, mejora la satisfacción del profesional y de la organización; y también en este caso es imprescindible la reciprocidad. Por esto nos ha resultado inspirador el artículo sobre el buen compañero de trabajo, porque al igual que el compromiso, nos mejora considerablemente la vida laboral cuando lo tenemos, y ser un buen compañero de trabajo está muy vinculado al compromiso.

El artículo sobre el buen compañero de trabajo establece este decálogo como premisas para ser un buen compañero:

1. El respeto como base de todo

2. Saber compartir los recursos disponibles

3. Ofrecer orientación cuando se requiera

4. Apoyar cuando sea necesario

5. Asumir los errores de los demás con madurez

6. Saber escuchar

7. Acudir al diálogo cuando surge un conflicto

8. Aprender de quien sabe más

9. Cooperar en lugar de competir

10. Reconocer los logros ajenos

 

Cualquiera de nosotros estará de acuerdo en que este es el tipo de colaboración que queremos tener con nuestros compañeros y compañeras, con las personas que nos dirigen y a las que dirigimos, y que esta forma de actuar fomentaría nuestro compromiso, que no es ni más ni menos que dar lo mejor de uno mismo, aportar el máximo valor a la organización por convencimiento, por iniciativa propia.

Este decálogo del buen compañero de trabajo es totalmente extrapolable al decálogo del profesional comprometido y de la organización comprometida: respeto, apoyo, asumir los errores como oportunidad para aprender, escucha activa y empática, reconocimiento… La organización comprometida con su plantilla trabaja para fomentar la autonomía y empleabilidad de ésta, la hace partícipe de sus logros y vela por el buen clima laboral.

Y reciprocidad, mucha reciprocidad, nadie ayuda a quien no ayuda, ni enseña a quien guarda la información para sí, ni escucha a quien solo le interesa dejar sentada su opinión y sus puntos de vista. Ni por supuesto, alguien está disponible para reconocer los logros de quien nunca reconoce un trabajo bien hecho.

En esto consiste el compromiso, en dar y recibir valor añadido, en forma de compañerismo, de cumplimiento de objetivos, de alineación con los objetivos de la organización, y de esta con las necesidades de evolución profesional, reconocimiento y retribución de las personas que integran su plantilla.

Y en la antítesis del buen compañero, estarían actitudes como desprestigiar a otras personas de la organización, hablar mucho e interrumpir a los demás en su turno de palabra, echar más leña al fuego si surge un conflicto, no asumir los errores o no reconocer los méritos de los demás. Estas actitudes podrían darse también en el profesional no comprometido.

¿Y la organización no comprometida? No escucha a sus profesionales, no reconoce los logros, hace una mala gestión de los conflictos, es ambigua y no practica la transparencia, ni pone en marcha iniciativas para que las personas sean más empleables y trabajen con objetivos claros y autonomía.

Y tú, como profesional, ¿dónde te incluyes? ¿eres una persona comprometida y practicas el buen compañerismo? ¿aportas a tu empresa todo tu potencial, y la empresa te lo reconoce? ¿te sientes orgulloso de pertenecer a tu empresa y ésta te considera un profesional ejemplar? Pues esto no es suerte; como el buen compañero, no te cae al lado por casualidad, sino que se forja, por ambas partes, profesional y organización, con compromiso, compañerismo, escucha, y la práctica mutua del decálogo del buen compañero de trabajo.

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