29 octubre, 2018 Remica Servicios Energéticos

El trabajo que viene

el trabajo del futuro

El trabajo que viene podrá tener diversas facetas, pero podríamos categorizarlo en dos áreas: el trabajo en su concepto tradicional (contrato por cuenta ajena o autónomo, basado en los parámetros tradicionales) o el trabajo en la economía colaborativa, tal como se le denomina en el artículo de la revista “Dirigir Personas”, en su número de octubre de este año.

Pasaremos por alto las características del trabajo en su modalidad tradicional, para centrarnos en las que tendrá el “trabajo que viene”, el trabajo del futuro a corto y medio plazo. Santiago Melián y Jacques Bulchand, profesores de la Universidad de las Palmas, en su libro “La revolución de la economía colaborativa”, publicado en 2018, denominan a este nuevo paradigma de trabajo “economía bajo demanda” y “gig economy”.

Desarrollos informáticos, servicios directos al consumidor a través de apps, diseños de webs, pueden ser algunos ejemplos de trabajos que se pueden contratar bajo demanda a un profesional autónomo, en vez de a una empresa. Pero también otros de menor cualificación como realizar repartos a través de una plataforma virtual.

Los principales factores de esta economía colaborativa, según el artículo “El trabajo en la economía colaborativa” mencionado, son:

  1. La temporalidad del trabajo. También el trabajo tradicional está sujeto al factor temporalidad, pero en este caso se lleva al extremo, ya que el encargo puede ser para tareas de cortísima duración, o para tareas que abarquen muchos meses, pero en cualquier caso será para tareas perfectamente definidas y delimitadas en el tiempo.
  2. Estos trabajos serán realizados bajo la modalidad laboral de autónomo/a, ya que podrán trabajar para varias empresas, asociaciones, fundaciones, etc. simultáneamente.

Estas dos características pueden tener consecuencias inmediatas en aspectos clave como jornadas laborales inferiores a las habituales y por tanto ingresos económicos que pueden ser insuficientes, en especial si se desarrollan funciones de baja cualificación.

También parece evidente que esta modalidad de trabajo se sustenta en un alto conocimiento del mercado laboral digital, y de las nuevas tecnologías.

Las ventajas de la economía bajo demanda saltan a la vista: flexibilidad, facilidad para poner en contacto empleadores y colaboradores a través de plataformas virtuales, reducción de gastos derivados del trabajo (combustible, comidas fuera de casa, etc.) y optimización del tiempo (tiempo mínimo de desplazamiento).

A su vez, los inconvenientes también son evidentes: incertidumbre, precariedad, nuevos aprendizajes, salida de la zona de confort…

En cualquier caso, es una forma más para poder integrarse en el mercado laboral para personas que por cualquier circunstancia no pueden prestar servicios de forma completa y continuada en una organización.

¿Qué conclusiones podemos extraer de este artículo sobre el trabajo en la economía colaborativa?

Pues nada diferente de lo que hemos publicado en otros post, pero no por ello menos importante. Prestar atención a nuestra empleabilidad, mucha formación en uso de plataformas virtuales y herramientas colaborativas, y gran capacidad para afrontar el cambio y salir de la zona de confort.

El profesional altamente empleable podrá elegir entre trabajar a la manera tradicional o aprovechar las ventajas de la economía bajo demanda, en función de sus prioridades; además su valor añadido le permitirá completar jornadas de trabajo en función de sus necesidades de ingresos económicos, y le permitirá elegir los proyectos en los que quiere involucrarse.

La facilidad para desenvolverse en plataformas virtuales y aprovechar las ventajas de las nuevas tecnologías y la gestión del cambio no dejan de ser componentes de la alta empleabilidad, y por tanto sería redundante incidir en ello.

Los nuevos paradigmas de trabajo están ahí, y casi con toda seguridad han llegado para quedarse; elegir bajo qué paradigma trabajamos (o incluso una combinación de ambos, tradicional y colaborativo) y hacerlo en condiciones óptimas dependerá de nuestra empleabilidad, antes como ahora.

Por ello, nuestra recomendación es no perder ni un minuto en lamentar los cambios que se producirán en el mercado laboral, y asumir la responsabilidad de que nuestro futuro profesional está en nuestras manos.

 

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