8 octubre, 2018 Remica Servicios Energéticos

¿Quién se ha llevado mi máster?

¿quién se ha llevado mi máster?

 

La actualidad nos obliga a replantearnos una pregunta que hasta hace poco consistía en ¿de qué y dónde hago un máster?

A casi nadie le cabían dudas acerca de la idoneidad de realizar un máster de especialización, y a todas las personas comprometidas con su desarrollo profesional se les ha pasado alguna vez por la cabeza la conveniencia de realizar uno.

Las conjeturas se centraban en qué tipo de máster realizar y cuál era la universidad o escuela de negocios más adecuada para hacerlo, en función entre otras cuestiones del nivel de experiencia y formación previo y de la capacidad económica de cada uno.

Los últimos meses han puesto en jaque a varias universidades por la falta de rigor con que al parecer han otorgado títulos sin que se cumplieran los requisitos exigibles a cualquier alumno que opta a esta formación, y la diferencia de nivel exigido para otorgar calificaciones en función de quién sea el alumno.

Y ahora muchos nos preguntaremos si nuestro máster se ha devaluado por las descalificaciones surgidas en los últimos tiempos hacia la forma fraudulenta en que se han otorgado algunos de estos títulos.

Todos sabemos que hay universidades y escuelas de negocios más o menos exigentes con las titulaciones que otorgan, pero tenemos que pensar que lo que ha sucedido no desprestigia ni a los centros que las imparten ni a los alumnos que los cursan, sino que es algo que ha pasado con determinadas personas de determinadas instituciones, sin que ello signifique que sea un hecho generalizado.

En su gran mayoría, las personas que realizan un máster lo hacen con gran esfuerzo y sacrificio de tiempo y económico, y esta imagen de fraude que ha causado gran desconfianza a nivel social no debe contagiar a centros y titulaciones que, por su nivel de excelencia y rigor, posibilitan a los alumnos alcanzar un alto grado de maestría en su ámbito de especialización, y continúan siendo un buen predictor de alto desempeño.

Cualquier persona que esté relacionada con el mundo universitario y la formación especializada, sabe que hay centros de reconocido prestigio y que estos no se caracterizan por dar facilidades, sino por ser rigurosos en el cumplimiento de los ratios mínimos de asistencia para otorgar la titulación, tienen un profesorado de talla y requieren gran esfuerzo y dedicación de horas por parte de alumnos y profesores.

Nuestro máster no se ha ido a ninguna parte ni se lo ha llevado nadie, sigue teniendo su valor intrínseco, el de haber mejorado nuestros conocimientos y habilidades y añadir por ello mérito a nuestro currículo.

¿Qué aprendizaje podemos extraer del revuelo que ha habido durante las últimas semanas por los casos de másteres obtenidos sin merecimiento? Probablemente uno de ellos sea que el esfuerzo y dedicación que conlleva un título de esta categoría está relacionado con el valor que aporta, y que en vez de buscar atajos para tener una titulación, hay que analizar bien en cada caso que escuela o universidad ofrece el programa más adecuado e invertir en esta, no en la que me pone más fácil su consecución.

Cursar un master contribuye a mejorar la capacidad de investigación, análisis, visión estratégica, trabajo en equipo o liderazgo y contribuye a renovar conocimientos y hacer networking, por lo que sigue siendo una buena inversión, para los que ya lo han realizado y para los que piensen realizarlo en el futuro.

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